sábado, 16 de noviembre de 2013

Soga (Primera persona)

El día se presentaba oscuro y aburrido.
Tras llegar del trabajo solía hacer las cosas que en realidad le gustarían hacer, pero ese día se sentía algo extraño. Había madrugado para ir a trabajar, había estado sentado en una silla de piedra y había parado para descansar, tras eso siguió con su trabajo. Siempre pensaba que se equivocó de lugar, pues aunque en su trabajo tenía que utilizar cosas que adoraba no se sentía realizado. La puerta de la casa le saludó con un atasco de llave y un empujón. Había llegado a casa, entró y salió a dar un paseo, hoy no tenía ganas de elegir una elección. "Frío" pensó. Y caminó bajo la densa niebla. "Que desorden y que asco, si utilizara más todo lo que tengo y menos todo lo que no podría caminar más a menudo y por los lugares que más me iluminan. Pobre de ellos, pobre de mi y pobre de todos."
Ese día decidió algo, y tras ello su asiento dejó de ser de piedra.
"¡Cuánto desorden!" gritó.