jueves, 1 de enero de 2015

Decrescendo

Se preguntaba a quién pertenecía el tiempo,
pensaba en escapar con él a alguna parte;
no podía dormir,
tampoco respirar lo de fuera,
y sobretodo pensar.

Sus minutos navegaban,
distantes,
y en la distancia,
¿quien trazó esa línea sin final?,
y había un horizonte,
lejos, lejos, en lo que le quedaba por hacer;
se adentraba en el cansancio,
y caminaba sin fatiga, pero con lastre,
porque era pesado, aunque ágil,
y dudas le polinizaban,
sí, mañana sería una roca,
débil, sin embargo.

Vislumbraba sus sentidos,
recaía en sus vicios, ahí vivía,
unos segundos más tarde desaparecía,
la muchedumbre se apoderaba de su ser,
¡qué aroma a destierro!, y un aire a lo de siempre.

Ahora sus ojos esconden su mirada,
porque nada hay en el reflejo,
porque ya no hay movimiento,
ya no hay nada,
y ve las velas a lo lejos,
las ve, sin tiempo;
no huele a huida,
sí a tierra mojada,
y seguramente vea los momentos,
y ¿qué será el tiempo?,
¿qué será?,
si ahora desemboca,
ahora que ya no nos pertenece.