domingo, 7 de junio de 2015

Molinos

Camina hacia los molino el caballero, los vislumbra en el horizonte, pero sus ojos mienten; algo que ya le dijeron: ''los sentidos tergiversan, si encuentran esperanza enloquecen''. El camino que toma es tan arbitrario como su búsqueda del sentido, y en su cabeza no está la idea de vagar por el universo como una existencia y nada más; tampoco la aprenderá, está atado al pensamiento de que la vejez es el final del conocimiento; aunque por otra parte, la soledad no es capaz de generar debates intensos, ni tampoco de añadir conceptos nuevos. Pero bueno, recorrer sendas aislado de la humanidad también hace indagar en cuestiones, digamos ''metafísicas'', al menos para él.

El hidalgo persigue una línea recta; mientras tanto, su cordura dibuja valles escarpados. En el avance está la esencia de ese ser que tan solo vive; aunque no es un avance en ascenso, es un avance plano, sin rumbo, como una gota de agua, que derramada se escurre por el espacio. Y el sueño es la salvación, el territorio donde se cumple su proyecto, ¿pero, y después?; ahí se preguntaría sobre sus aspiraciones pasadas, y entonces decidiría en qué creer. Volvería atrás y observaría la carretera pintada por su memoria; la decisión estaría en esos recuerdos.
Los molinos o el asteroide interestelar. La duda, y el pensamiento siendo método, y la elección como segundo plano, y el camino, que se eleva como sentido.


El caminante sigue su marcha; lejanas se vislumbran unas aspas, la cuales cortan la realidad en pedazos; y ahí se acaba un recorrido; pero el camino permanece, esperando, dispuesto a recibir, casi inmutable; estancado.